Por qué la mayoría de las dietas no funcionan

21 Aug 2018

Tu madre, la amiga de tu madre, tu amiga o la amiga de tu amiga alguna vez te hablaron de la última dieta para bajar de peso: la dieta sin gluten, sin azúcar, sin carbohidratos, la que es baja en grasas... la dieta de la cebolla!, fuera los aguacates...la dieta Keto (venga con los aguacates!)...la Dukan, la que promete bajar 4 kilos por semana, la de las 800 calorίas por día...

 

Estoy segura de que sabes de qué te hablo, ¿verdad? Hay miles de dietas generalizadas que prometen resultados independientemente de quién seas, dónde vives o tus necesidades biológicas. Este es el primer punto que me gustaría compartir contigo: Cada persona es un ser biológicamente diferente, por eso los modelos de dietas generalizadas no funcionan para todos de la misma manera.

 

Por ponerte un ejemplo: una persona con sobrepeso pero físicamente muy activa, necesita una cantidad de energía proveniente de la alimentación (calorías) mayor que una persona con sobrepeso que es totalmente sedentaria.

 

Por otro lado, la mayor parte de esas dietas están basadas en la restricción de ciertos alimentos durante un período de tiempo. Este tipo de restricción genera ansiedad y frustración. Muchísimos estudios demuestran que, basta que se nos prohiba algo, para que nos obsesionemos con ello. Por esta razón, durante el período que nos proponemos seguir dicha dieta, vivimos precisamente pensando en todo aquello que se nos ha quitado y que no podemos comer. Nos sentimos frustradas porque “no podemos” comer esto o aquello. Una vez que terminamos la dieta estamos felices, hemos perdido unos kilitos de más, sí, pero como ya no estamos “a régimen” volvemos a la normalidad, ¡somos libres! y  disfrutamos de nuevo de todo aquello que se nos había restringido (porque ya “podemos”), y a la larga, volvemos a recuperar el peso perdido y nos volvemos a frustrar.

 

Ahora, te invito a pensar lo siguiente: ¿qué pasaría si en vez de pensar en dietas temporales y restrictivas que solo se enfocan en la pérdida de X kilos, pensamos en aprender a comer de forma sana y saludable para cuidarnos? ¿qué pasaría si en vez de seguir dietas sin lógica basadas en todo un listado de cosas que “no podemos” comer, aprendemos a escuchar las necesidades de nuestro cuerpo? Si pensamos menos en términos de calorías y más en términos de nutrientes que nos permitan aportar a nuestro cuerpo todo lo que necesita para funcionar óptimamente, y verse bien por fuera y por dentro. Y por último ¿qué pasaría si pensamos en nuestro bienestar de forma holística o integral, en vez de solo fijarnos en esos kilitos de más?

 

La mayoría de las veces (y yo fuí la primera que siempre caía en este error) pensamos que si perdemos esos 4-5 kilos que nos molestan, o la grasita acumulada aquí  o allá, ya está. Y el fin justifica cualquier medio o estrategia que sigamos para lograr nuestro objetivo. No importa si con ello privamos a nuestro cuerpo de macro o micronutrientes que son importantes para su funcionamiento y, a la larga, acabamos auto-generándonos un problema de salud mayor o más serio.

 

Cuando pensamos en salud, bienestar, mayor energía para afrontar nuestro día o para rendir en nuestros entrenamientos y en llevar una vida balanceada, etc., el enfoque es diferente, ¿no crees? En este caso el objetivo es antes que nada el de cuidarnos, mimarnos, comer e hidratarnos bien para estar sanas, para tener una piel limpia, para desintoxicar nuestro cuerpo al ir sacando gradualmente de nuestra alimentación alimentos tóxicos y procesados.

 

Cuando esto ocurre, no solo conseguimos bajar de peso de forma definitiva y sin efecto rebote, sino que además nos sentimos mucho mejor, nuestras digestiones son mejores, tenemos más energía, nuestro cutis se ve mucho más limpio e hidratado. Empezamos a disfrutar de los efectos de un estilo de vida saludable (y no una dieta) basado en la satisfacción, y no en la restricción.

 

Y es que cuando disfrutas de un estilo de vida y una alimentación sana y saludable, los resultados son realmente increíbles. La mentalidad cambia por completo del “no puedo” al “yo elijo”, “yo quiero”, “yo me merezco”, etc.

 

Recuerda, ni la perfección ni la obsesión son buenas. Si comes de forma sana habitualmente, no pasa nada por que te des un capricho de vez en cuando. Lo importante y lo que cuenta no es lo que hagas un día, sino lo que haces de forma habitual.

 

Permítete tener una vida sana y saludable!

 

 

 

 

 

 

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